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sábado, 12 de diciembre de 2009

Mi historia macabra

Ayer tuve una sensación muy rara. Me sorprendí a mi misma pensando en una escena muy macabra. Un pensamiento que me ha dado mucho miedo tener. ¿Cómo puedo ser tan macabra?

El pensamiento fue... llevo un mes conviviendo con un cadáver, el cadaver de mi propio hijo dentro de mi.


sábado, 19 de septiembre de 2009

Hipótesis del segundo hijo: la torpeza (II)

Voy a explicarte una anécdota que me ocurrió a finales del mes de abril. Es una historia real, y fácilmente demostrable. Es una prueba más de mi torpeza, y demuestra una vez más mi teoría de la torpeza.

En el mes de abril, me apunté a hacer un curso relacionado con m profesión. Se hacía un domingo. Fui acompañada de mis amigas. Era una forma de vernos. Este día sabía que conocería a un amigo con el que chateaba de vez en cuando. Por fín nos conoceríamos después de tanto tiempo conversando. No sólo le conocí a él, sino que conocí a otro compañero.

Hacia la mitad del curso, había un descanso para almorzar. Había termos con café, con leche, pastas... Me puse al lado de una chica para prepararne el café. Ella se lo sirvió antes que yo. Mientras esperaba, se colocó a mi derecha el chico que acababa de conocer (bueno, esto es un decir, porque habíamos hablado mucho tiempo en el chat).

Llegó mi turno para preparame el café. Cogí un plato, una taza (más bien eran tazones de 200 ml o así). Entonces, cogí el termo que contenía el café con mi mano derecha (soy diestra). Empiezo a volcarlo para servirme el café. Y no salía el café. Pues lo vuelco un poquito más. Supuse que el café se habría acabado, pero por otro lado, también sabía que nosotros éramos los primeros en servirnos café, por lo que también me extrañaba que la cafetera estuviera vacía. Sigo volvando el termo un poquito más y... ¡chof! de repente se abre la tapa del termo. De golpe, se llena el tazón de café. A continuación el plato, y seguidamente, toda la parte que rodeaba la taza.

En ese momento pasó por mi cabeza una expresión parecida a ¡Madre mía, la que he liado! ¡Tengo a  tal aquí al lado! ¡Ya verás mañana en el chat! ¡Que vergüenza que pasé!

Me dice mi nuevo amigo... "y ahora si le quieres poner leche no te va a caber nada". Era cierto. Aquello era una piscina todo lleno de café.

Cogí una nueva taza y un nuevo plato. Traspasé café de la primera taza a la nueva y acabé de prepararme el café con leche inicial. Y mientras pensaba, qué torpe que soy, le acabo de demostrar mi torpeza a una persona que acabo de conocer.

Al día siguente, conté la aventura al resto de mis compañeros del chat. Menudas risas que nos echamos. Este chico comentó entre bromas que yo le quería tirar el café encima.

Dos semanas después hice un curso en Braga (Portugal) y allí conocería a más amigos chatines. Había algún comentario que decía "cuidado con los 'cafeses'", en previsión de lo que podía pasar. Uno de los chatines con los que fui se ofreció a prepararme el café por las mañanas para evitar que se repitiera el incidente.

Una historia más para sumar.

sábado, 22 de agosto de 2009

Hipótesis del segundo hijo: la torpeza (I)

Esta semana he estado trabajando en una de mis leyes: la de la torpeza de la segunda combinación genética de nuestros padres, es decir, la del segundo hijo. Es la que se manifiesta con más intensidad. Escribiré más entradas según vaya encontrando o recordando más pruebas de mi teoría. En principio había pensado agregarlas en esta entrada inicial, pero estoy notando que puede dar lugar a un tema más extenso, y quizás mejor será poner las entradas según me acuerde de las anécdotas.

Primera prueba: yo. En mi caso, soy la segunda hija de mis padres. Siempre he sido muy torpe. Hubo un momento que lo relacioné con mi falta de visión estereoscópica (en tres dimensiones), pero a todo uno se acostumbra. No me puedo quejar de algo que no he tenido nunca.

De pequeña, siempre tiraba el vaso de leche del desayuno. No recuerdo si después de tirarlo mi madre me preparaba otro o no, aunque supongo que sí. Había tirado tantas veces el vaso de leche, que ya temía que me regañaran. Por tanto, empecé a disimular y a esconder el fruto de mis trastadas, bueno, no eran trastadas, sino más bien torpeza. Para esconder la leche, ponía los brazos cruzados encima de toda la leche derramada, con lo cual la regañina sería peor después, ya que además de tirar la leche, me manchaba la ropa que llevaba puesta en ese momento.

Hoy todavía tiro de vez en cuando un vaso de agua, o un vaso de leche. No importa el cuidado que tenga, algo suele volcarse: un vaso, una copa, lo que sea. No siempre están llenos, pero el hecho es que siempre vuelco uno.

Segunda prueba: mi sobrino pequeño. Mi sobrino pequeño es el segundo hijo de mi hermano. Es un niño muy alegre, muy movido, muy atrevido y, por supuesto, muy torpe. Él, al igual que yo, tira también el vaso de la leche, ahora que le han quitado el biberón. Todos dicen, en esto ha salido a la tita, refiriéndose a mi. Supongo que estamos a tiempo de solucionar lo de él. Ya veremos cómo será cuando sea mayor. No creo que tenga problemas de visión.

Supongo que todos tenemos el gen de la torpeza instalado en nuestro ADN, pero que si existe una doble combinación dentro de la misma pareja, es decir, el segundo hijo, pues éste manifestará de forma más acusada el gen de la torpeza. Seguro que es un gen recesivo, que sólo se manifiesta si los dos padres lo tienen. Y que la posibilidad de que salga a flote es de un 25%. Si hay 4 hermanos, uno de ellos será muy torpe, y la posibilidad de que sea el segundo mayor es muy alta.

¿Cómo hacer un estudio de esto? Es un poco difícil, porque un patoso no demuestra serlo el 100% de su tiempo. Porque si dices que estás haciendo un estudio para demostrar la torpeza, seguramente estas personas irán con más cuidado de lo normal, para evitar ser torpes. Pero si cada uno de nosotros estudiamos lo que tenemos alrededor, nos daremos cuenta de hasta qué punto se cumple.

Podría ser que los patosos tengamos la mente tan ocupada en otros menesteres que dejamos de lado el mundo exterior para centrarnos en nuestro mundo interno. Y estamos tan ocupados pensando, que no nos damos cuenta de lo que hacemos ni de lo que nos rodea.

Seguramente, las personas con poca destreza, somos los que no reprensentan en teoría ningún problema para el resto de la sociedad, porque piensen que al ser torpe, no conlleva ningú peligro real. Pues a lo mejor la torpeza podría ser una estrategia para pasar desapercibido (aunque inicialmente llamemos la atención), y así podríamos atacar cualquier bando desde dentro. Habría que ver si los dictadores de nuestra historia fueron segundos hijos, y si fueron torpes. Pero esto supongo que será una historia para más adelante. Investigaremos.