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jueves, 6 de febrero de 2014

Lágrimas desconsoladas

Debe ser eso. Mi querida depresión ha venido a verme. Para que vuelva a hacer lo que suelo hacer de vez en cuando. Para que me aísle del mundo que me rodea. Para que me aguante las ganas de llorar consiguiendo que me ahogue con el nudo en la garganta que crece con las horas. Para que me calle. Para que tú pienses que me he enfadado contigo. Para que me lea entradas que escribí hace años y recuerde los malos ratos que pasé, y los buenos, aunque todos cargados de lágrimas. Lágrimas que salen ahora cuando estoy sola, porque así lo he querido yo. Porque no quiero que me veas llorar. Porque no quiero que me consueles. Porque no quiero que te sientas mal por mi. Simplemente necesito llorar. Llorar y escribir. Y espero que estés conmigo en los buenos momentos. Como siempre. Pero este momento es mío. Es mi frustración, mi malestar. No quiero contagiarte. 

He vuelto a tener miedo. Miedo a equivocarme, a perderte, a hacerte daño, a sufrir. Tengo miedo de que me necesites y no pueda ayudarte. Miedo a que no me necesites. Miedo de tomar la decisión inadecuada. Lo reconozco: soy cobarde. 

Y leo cada entrada que escribí y me doy cuenta de lo que perdí. Y lo que gané. Me comentan lo fuerte que soy, que si estoy hecha de otra pasta. No es así. Yo sigo con mi sonrisa de papel intentando que tú no pierdas la tuya. Porque me importas. 

Y no puedo dejar de llorar mientras escribo porque mi garganta tiene muchos nudos que hay que deshacer. Está llena de lágrimas pendientes de otros días. Está llena de palabras a medio salir. Está llena de horas de soledad. Llena de frustraciones. 

Suelo llenar mi garganta poco a poco, de una forma más o menos constante. Hasta que rebosa. Es entonces cuando digo que me siento autista. Me aíslo. Te evito. No te hablo. Aunque en mi interior me gustaría contarte todo lo que me está pasando por la cabeza en ese momento, mi timidez me separa todavía más de ti. Huyo de ti. Quiero que me dejes tranquila. Pero también te necesito a mi lado. Es mi parte infantil, que no quiero borrar de mi cabeza. 

Estos meses atrás me vienen a la cabeza situaciones de diferentes etapas de mi vida, tanto buenas como malas. Cosas que creía olvidadas pero que ahí están. Seguro que influyeron de alguna manera en mi desarrollo. Igual algún día las cuente, hoy no toca.

Ya no me quedan lágrimas por sacar (cosas del ojo seco). Mañana sacaré mi sonrisa de papel y pondré el contador otra vez a cero. Mañana desaparecerán temporalmente mis miedos. Mañana volveré a bromear contigo como hacemos siempre. Y te reirás conmigo y yo contigo. Un día tras otro. Hasta la próxima saturación de lágrimas. Ahora se llena más despacio. Eso es un hecho. 

Hoy sentía cómo mi identidad se desvanecía por momentos. Cómo cambiaba una y otra vez. Ahora soy fuerte, ahora débil, ahora me he anulado por completo. Y no aguanté más. Y leí frases hermosas que no me apetecían leer y entristecieron más. Y necesitaba este momento de desahogo íntimo. Y necesitaba escapar de ti para dejarte fuerte, tal y como eres tú. Porque no quiero que estés  mi nivel. Si empequeñezco demasiado, estarás ahí fuerte para tenderme una mano. Si me hago fuerte te ayudaré a subir un nivel. Pero no bajes. No te hundas conmigo. 

Ahora me siento bien. 





domingo, 21 de marzo de 2010

El rumbo de la vida

Me imagino mi vida guiada por un barco pirata de los de antaño. Una calavera, quizá. Que se dejaba guiar por el viento y las corrientes, aunque de vez en cuando es ayudado por una serie de remos para cambiar de rumbo. Un barco que se orienta por las estrellas, ya que de noche se toman las decisiones más acertadas. 

Mi barco ha embarrancado, y lo abandono. Cambio de barco. Cambio de rumbo No sé si será la decisión más acertada, pero quiero descubrir nuevos mundos. Nuevas rutas hacia esa felicidad que tengo, pero a la que quiero llegar por un camino diferente. Supongo que de un barco al otro, tengo que ir en una barca a remos, necesito hacer el efuerzo físico y mental que supone el cambio, y así, mientras tanto, lanzar por la borda todo aquello que me ha hecho sufrir. Durante el trayecto, necesitaré pescar esos buenos momentos que me llenen de fuerza para seguir adelante. 

Por la noche serán las estrellas las que me guíen. De día, para no desviarme en el camino, necesitaré la ayuda de alguna brújula que impida que me pierda, que me desvíe en mi ruta. En algún momento de mi viaje interior, me encontraré obstáculos que esquivar, icebergs que pueden hacerme fracasar en mi intento si choco con ellos. Si me hundo, quizá reciba ese salvavidas que me saque a flote, que me hará reaccionar y luchar para vivir y recorrer a nado el resto del camino hasta el nuevo barco.

De momento mi barco ha embarrancado. Antes de abandonarlo lo recorreré, exploraré cada rincón, para grabar en mi memoria los viajes que en él realicé.


sábado, 19 de septiembre de 2009

El maestro y el aprendiz

Cada persona que conozcas te cambiará la vida desde ese momento, y para siempre. Dejará una cicatriz que no se borrará nunca, pero que puede quedar difuminada con el paso del tiempo. Esta huella particular la has dejado tú en mi. Tú, que me has conocido, que me has hecho meditar sobre cosas que ya no recordaba, y, ¿por qué no?, me has hecho aprender cosas nuevas. Porque para eso nos hemos conocido: para aprender de nuevo, para descubrir que hay más mundos aparte del nuestro, que pueden llenar nuestras vidas, o simplemente aderezarla.

Sólo yo sé lo que ha cambiado mi vida al conocerte. Tú me has enseñado que el mundo está lleno de sonidos nuevos, de música, de colores nuevos, que existen cosas que yo no conocía. Nunca olvidaré las alegrías y tristezas que me has contado. Los secretos que he tenido contigo me los guardo para mi. Quiero seguir aprendiendo de ti. Y me gustaría que tú aprendieras algo de mi.

No siempre me enseñarás lo que me gustaría aprender de ti. Porque también necesito aprender de mis frustraciones. Seguro que me darás más de un disgusto, alguna noticia negativa, alguna lección que no me gustaría aprender. No me gustará recibirla, es más, me dará mucha rabia recibir esta lección en ese momento. Pero lo que realmente me importará, aunque no la valore inicialmente, es la moraleja que saque de ella. Porque me pones en sobreaviso de algo más negativo que me podría pasar, que podría poner en peligro mi autoestima, mi fuerza interior, y posiblemente, mi vida. Desde este lado, prefiero que esta lección me la des tú, antes de que me la de un desconocido. Tú me conoces, y sabes qué es lo que necesito, cuáles son mis errores comunes, y necesito que me corrijas: porque confío en ti, y tú me darás la lección de vida que estoy esperando, la que me gustaría aprender.

El amor es una manera de enseñar . Darlo y recibirlo, venga de quien venga. Puedes dar y recibir amor de tus padres, tus hijos, tus hermanos, tu amigos, tu pareja, ... Cuando me enseñaste aquella canción me hiciste crecer interiormente, porque descubrí aquella voz que me enamoró, descubrí aquella letra que me conmocionó, vi aquél video que me emocionó. Además de todo esto, descubrí un grupo que creo que a partir de ese momento formará parte de mi vida. Y tú aprendiste de mi lo que yo sentí en ese momento. ¿Quién es el maestro, y quién el aprendiz?

Aunque parezca incongruente, con el odio también se aprende. Cuando nos sentimos odiados, también estamos en proceso de aprendizaje. Se aprende a luchar, a defender lo que consideramos que es nuestro, a sobrevivir. No nos gusta recibir odio, pero necesitamos que alguien nos odie para conocer en qué punto de nuestra vida estamos, para ver si defendemos nuestra postura o decidimos que estamos equivocados y queremos cambiar de bando. No es malo cambiar de opinión, siempre que no hagamos daño a nadie.


Sigo escribiendo estas palabras para recordarte que estoy loca porque me sigas enseñando cosas. Sabes que sólo seré feliz si aprendo de ti, porque seré mejor persona. Porque necesito tu presencia cerca de mi, Aunque estés tan lejos. Porque sé que tú me enseñarás lo que yo necesito. Porque sé que tú necesitarás saber que me ha gustado lo que he aprendido de ti, porque así seguirás estimulando mi complicada mente. Porque así me llenarás. Porque así te llenaré.

Por eso mismo te digo...

                                        ... no desaparezcas de mi vida.

¿Quién es el maestro y quién el aprendiz?