sábado, 14 de marzo de 2015

Adiós, estrellas.

Debería despedirme de vosotros, que os iréis dentro de poco y no aprenderé nada más de vosotros. 

Debería aprovechar estos momentos para recordar todo lo que me enseñasteis. 

Estaría bien tener vuestra fortaleza, vuestra capacidad de lucha. Vuestra sensatez. 

Siempre me sentí orgullosa de vuestra mentalidad abierta y libre. Fuisteis mi ejemplo a seguir. Y toca ponerlos en práctica. 

Y siempre juntos. 75 años casados. Cada vez me duele más saber que la muerte os separará en cualquier momento. 

Os apagaréis, estrellas. Lloraré por vosotros. Pero siempre habrá una sonrisa para recordaros. 

Hasta siempre, abuelitos. 


domingo, 8 de febrero de 2015

¿Y ahora qué?

Seguramente me entristecerá escribir estas palabras. Posiblemente suelte alguna lágrima que otra. O que las retenga por no tener que dar explicaciones. Espero poder acabarla en un rato.

Aquellas palabras me dolieron. Me las dijiste varias veces, y casualmente coincidía con la aparición de una mujer en tu vida. Cada vez me sentó peor. Me hiciste sentir mal porque no podía expresarme. Ni reírme con tus bromas, nada. No veas, no oigas, no digas...

La primera vez me dolió y me replanteé la amistad que en ese momento estaba en sus fases iniciales. Varios meses después me lo volviste a decir. Y guardé las distancias. La última vez fue la semana pasada. Y te dije que me apartaras de tu vida. Y lo hiciste. Nuestra relación ahora es cordial, un saludo de vez en cuando. ¿Y ahora qué? ¿Dejaremos de hablarnos? ¿Restablecerás la relación como si nada hubiera pasado? Es lo que sueles hacer. 

Me dueles. Me duele perderte. Pero más me duele recordar las palabras que me hieren. Las que nunca olvidaré. Posiblemente esto acabe con nuestra amistad (esa tan grande que muchos nos creían pareja). Porque ya nada será como antes. Me hundes cada vez que me apartas de ti. 

Las palabras se referían a mis comentarios: "me siento incómodo. Así no." ¿Cómo me sentí yo? Como la amiga pesada del grupo, la que todos rechazan. Y te invité a que me prohibieses leerte, como una manera de evitar mi presencia. Y lo hiciste. Ya no sé nada de tu vida. Todavía en fase de duelo, me duele haberte perdido. Y sé que es así porque en los otros canales de comunicación no nos hablamos. Un par de respuestas a una pregunta que te hice. Respuestas cordiales. Nada más. 

¿Y ahora qué? Eliminando este apoyo que tuve durante meses mi vida se torna inestable, esperando que refuerce los cimientos para que no se desmorone.

"No comentes nada. No sólo por los demás, yo también me siento incómodo."

viernes, 19 de diciembre de 2014

Sin alma

Esta mujer es una luchadora. Podría pasar por momentos delicados en su vida.Y aun así sigue peleando. La considero una hechicera india, sabia, tranquila y guerrera.

Y me ha dicho que tengo que matar mi alma, llegar al punto en el que no me importe nada ni nadie. En ese momento será cuando empiece a emerger. No quedará otro camino que subir.

Y me pregunto cómo se mata un alma. Si lo hiero poco a poco me iré hundiendo, me deprimiré,... bueno, ya lo estoy. Hay que hacerlo rápidamente. Sin dudarlo. Así no me echaré atrás e intentaré curarla.

Tengo que matarla. Vivir sin alma un tiempo, sin sentimientos. Y quién sabe si algún día un alma nueva adoptará a esta mujer de hielo.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Tan grande, tan lejos.

Fue tan grande amarte y sentirme amada con la misma intensidad que te amé yo.  Fue tan intenso. 

Nunca pensé que podría volverme a enamorar con 40 años. Pensé que era cosas de adolescentes, pues desde los 20 años más o menos no sentí nada igual por ningún otro hombre. Me convencí que el amor era producto de las hormonas. Algo químico. Pero no.

Me enamoré perdidamente de ti. Desde que te conocí. Tú eras, mejor dicho, eres, el hombre de mi vida. El que me dio la esperanza de luchar por una vida mejor. Una vida de ilusiones. 

Mi cielo. Mi vida. ¿Cuántos corazones me mandaste? ¿Cuántos te mandé? Muchos. Un año de amor, de los cuales 8 meses fueron correspondidos. Te hicieron fuerte.

Esperé. Esperé a tu liberación. Esperé. Y me até mientras te esperaba. Y te perdí. Porque has encontrado el que parece ser el amor de tu vida. Ese que te hace feliz. Y no era yo. 

Me dueles. Me dueles mucho. Te lloro tanto. Te amo tanto. ¿Cuándo dejaré de amarte? Creo que nunca. 

Me faltó que me amaras, que me acariciaras, que me enseñaras qué es hacer el amor. 

Tantas confidencias. 

Finalmente me contaste que ibas a pasar el día con el amor de tu vida, con tu novia. Me acabas de decir que nunca le has ofrecido tu amor a nadie, tan fríamente que no puedo dejar de llorar. 

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Aires de libertad



Hueles a Libertad. Así, en mayúsculas. Porque vas a conseguir algo que anhelabas hace mucho tiempo. Vas a recuperar el control de tu vida. Vas a sonreír siempre que quieras. Vas a decir lo que quieras y cuando quieras. Vas a viajar cuando quieras. Te vas a remolonear cuando te apetezca. Porque sí. Porque vas a ser tú. 

Podrás elegir con quién quieres estar, con quién quieres hablar, quedar, tomarte una cerveza, sin soportar las malas caras. Sin tener esa tensión por evitar la mala cara. 

Y me alegro mucho por ello. Y lo sabes. Esta situación me hace plantearme esta relación de otra manera. Con miedo, pero con esperanza. Miedo de perderte. Esperanza de conquistarte. No debo temer que dejes de estar a mi lado, porque ahora que serás libre podrás pensar con claridad. Lo mismo que yo. Si quieres estar conmigo lo estarás. En caso contrario, te respetaré y continuaré amándote en silencio, a lo lejos, hasta que se me olvide amarte. 

¡Cómo me gusta tu nuevo olor a Libertad! 

domingo, 9 de noviembre de 2014

Cristales rotos





Podría ser el momento de empezar a andar por cristales rotos hasta desangrar completamente. Los primeros pasos serán los más dolorosos, los más lentos; los que me harán parar e incluso plantearme si retroceder. Los que más miedo me darán.

Pero a medida que se me claven los cristales, que se me abran nuevas heridas, me olvidaré de las otras heridas, las del alma. Muchas veces me he preguntado: ¿qué dolerá más, el alma o el cuerpo?

Sangraré. Me desangraré dejando señales de mi paso por esa vida. A medida que avance habrá cada vez más gotas del rojo carmesí. Más densas. Habrá más heridas, más profundas, y más sangrantes. El dolor físico conseguirá que me olvide del dolor del alma. ¿Cuánto tardaré en olvidar? ¿Cuánta sangre habré perdido?

Seguiré andando, cada vez más rápido, sabiendo que no podré olvidar, de que no podré parar de andar, de que me desangraré. Perderé fuerzas mientras avance yo, pues no se parará la hemorragia. Se debilitará mi cuerpo. No liberaré la mente.

Continuaré caminando, con el convencimiento de que no lo olvidaré, de que moriré.

¿Lo sabrá él?

viernes, 24 de octubre de 2014

Te devuelvo tu corazón



Te di mi corazón limpio y puro para que me lo cuidaras, me lo mimaras, lo mecieras por la noche y lo abrazaras cuando lo necesitaras. 

Tú me dejaste el tuyo. Lo cuidé, lo mimé, lo mecí por las noches. Le canté nanas para que durmieras bien. Lo besaba todo el día, toda la noche. Cuando se sentía herido le curaba las heridas para que cicatrizara adecuadamente. Y creo que lo hice bien, porque te sentiste libre, amado y querido por todos. Y te quise mucho, cielo. Y te quiero. No lo olvides. 

Pero mi corazón está herido. Me duele. Me dueles. Porque cuando me hablas me vuelvo pletórica, me animas, me dan ganas de pelear por ti. Pero muchas veces me haces sufrir. No me tratas bien, me dices que me aleje, que no te hable, que desaparezca. Y eso consigue que note como en la lejanía me estás rompiendo el corazón. Se llena de heridas que no cicatrizan bien. E intento alejarme, pero no puedo. No puedo porque sé que te hieren, y tengo la imperiosa necesidad de cuidarte, curarte, quizás protegerte del mal que te acecha. 

Te devuelvo tu corazón. Como podrás observar ha crecido, ha sanado. Te hace libre. Lo he cuidado mejor que a nadie de mi entorno. Sabes que siempre he estado, quizá por eso de vez en cuando me tratas mal. Porque sabes que no me alejaré. ¿Es acaso una prueba?

Pero me sigues doliendo. Ofreces tu corazón a cuantas mujeres te lo piden. Eres así. Es un juego. Pero ya no quieres jugar conmigo. Y tengo que cuidártelo para limpiar las heridas de guerra. 

Pero ya no me mimas. Me destrozas, y con ello, destrozas mi vida, mis ilusiones futuras, mis sueños por vivir. Sé que me quieres porque me lo has dicho. ¿Pero me amas? ¿Te puedes imaginar una vida sin mí? Seguro que sí. Eres un luchador solitario. No como yo, que necesito un apoyo para segur adelante. 

He llorado mucho por ti, por mi, por los dos. No puedo imaginarme una vida sin ti, pero no puedo continuar llorando. Esta incertidumbre que tengo de tus sentimientos hacia mi me hiere. ¿Recuerdas que tienes tú mi corazón? ¿Te darás cuenta de mi dolor tú, que tienes mi corazón? ¿Harás algo para curarlo? Mi respuesta tiende cada vez más al no, a que no harás nada. Una vez libre ya no me necesitas. ¿Qué habrás hecho con él?

Te devuelvo tu corazón, vida mía. Pero no me devuelvas el mío. Sé que está destrozado y por mucho que haga no podré hacer nada para repararlo. Tíralo por ahí. Seré fría. Seré distante. Seré menos yo. Así hasta desaparecer para siempre. 

Tu corazón es tuyo. Mi corazón también. Porque te quiero. Porque te ahelo. Porque te pierdo. 

Una lágrima más.