domingo, 8 de mayo de 2022

La vida al revés

La vida al revés. O al derecho. O girando unos grados. Igual si cambiamos un poco la forma de verla nos gustará más. Puede que veamos la mejor forma de afrontar los problemas. Posiblemente es una hoja de papel. A un lado las cosas buenas, por la otra cara las malas experiencias y los problemas. 

Podríamos doblar la hoja de tal forma que quedaran dentro las cosas que no queremos mostrar. ¿Pero qué esconderíamos? ¿Lo bueno? ¿Lo malo? Si dejamos dentro lo que nos amarga la vida, no lo podremos sacar, y mucho menos solucionar. Entonces en este sentido sólo mostramos las cosas buenas de la vida. En mi opinión no nos hace humanos mostrar sólo el mundo rosa, sin llorar, sin quejarnos, sin penas ¿Será lo que buscamos? 

¿Y si hacemos pliegues? Mostraremos partes de todo. Igual seremos nosotros mismos. 

Amordazada

La libertad de expresión desaparece cuando sientes que no puedes decir nada. Así la mordaza está tras cada chitón. Tras cada desplante. Con cada palabra a medio salir.

Pero grita ya, me digo constantemente. Pero no. La mordaza es más fuerte. 

El círculo.

Y se vuelve a repetir, y tengo más miedo que nunca. Más amor que nunca. Más preguntas que nunca. Porque ya he pasado por esto otras veces.

Fase de amor, de ilusión, de crearme un futuro lleno de optimismo. ¿Me llamarás? 

Fase de miedos. Fase de soledad en silencio. De cobardía enmascarada. De dudas imaginarias. ¿Me sigo inventando historias? 

Y fase de no hacer nada, de dejarme llevar. Que siga todo igual. Porque soy una medusa que viaja al son de las corrientes. ¿Me llevarás a otro lado?

No le busques razones. A veces ni las encuentro. El círculo está allí. Volveremos a vernos. 


Mía

Mía, y de nadie más. No me doy a nadie. No me entrego a nadie. Me comparto en el vacío. Me grito en silencio. Me lloro flojito.

Me rio fuerte. Eso sí que puedes verlo. 

martes, 13 de septiembre de 2016

Tu decisión

Finalmente has decidido no meterme en tu vida. Soy de esas personas que te incordiaban. Y me lo dijiste muchas veces, pero ya sabes: la gente no cambia. Si a ti no te gusta cómo soy no puedes hacer nada para cambiarme, ni yo puedo hacer nada para que te guste yo. Cualquier cambio es una máscara temporal. Y yo contigo nunca me puse máscaras. Siempre te dije la verdad, aunque fuera en mi contra. Lo sabes. Siempre te dije lo que me gustaba de ti y lo que no (aunque finalmente acababa aceptándolo). Como cuando me enteré hace meses de que tus chistes en facebook eran tuits. Luego lo valoré y cuando quería ver una recopilación te leía. Ya te dije que me decepcionó que tus textos donde abrías el alma fuera una recopilación de tuits. Realmente me dolió, porque algo que pensaba que era auténtico, que me llegaba al alma, me dejaba sin palabras, sin aliento, y me emocionaba finalmente no era original tuyo (aunque seguro que estabas de acuerdo con esas frases). 

Tú ya lo sabes: me importas. Y me importas desde que te conozco. Respeto tu opción de sacarme de tu vida. 

Voy a hacerte un regalo. El que más me duele. Voy a regalarte la libertad que a veces anhelas en mí. No te voy a incordiar más. No te mandaré ningún mensaje privado. No te llamaré (aunque tampoco lo hacíamos desde hace mucho tiempo; me duele no recordar tu voz). Eso no significa que no me preocupe por ti, ni te eche de menos ni que no desee que las cosas te vayan bien. Ni mucho menos. Quiero respetar tu decisión; y si es que desaparezca, pues lo haré. No volveré a tomar la iniciativa de hablar contigo. Y me dolerá mucho, la verdad. 

Contigo las reacciones que tengo son siempre viscerales: amor, enfado, alegría... Nunca son reacciones racionales; ni siquiera es racional este mensaje. Y realmente alguien que ocupa tus sentimientos (buenos o malos) es difícil de olvidar.

No sé si nos veremos por ahí algún día. Quién sabe si seguiremos con la telepatía. Lo que sé es que me seguirás importando mucho tiempo. Aunque no te lo diga. Aunque no nos hablemos. Tampoco te diré si alguna vez dejas de importarme. Yo seguiré peleando con mis demonios. 

Ni siquiera sé si leerás este mensaje

Feliz vida.

Años después, ya te olvidé.

Caos

Miles de palabras escritas y borradas casi simultáneamente. Todas quieren salir en una explosión improvisada. Pero son caóticas, por eso desaparecen. 

Necesito soltar esas palabras. Y escribo y borro una y otra vez. No entiendo este estado de confusión mental. Y sigo escribiendo y borrando. Pero me he propuesto dejar de hacerlo al menos momentáneamente. Dejar de borrar. Porque el caos que me define en estos momentos no sería tal si pudiera ordenar mis palabras.

Decidir qué borro y qué mantengo es censurar mi mente. No quiero tapar mis errores (salvo los ortográficos que voy corrigiendo mientras escribo). Y no sé lo que me pasa. Estaré cansada. Será eso. Y, y.. y... Y me repito porque no śe escribir sin pensar. A lo mejor lo que no sé es no borrar. No sé qué quiero. No sé qué busco. Pero igual lo que sé es lo que no quiero. 

¿Cómo se escribe un grito? ¿Cómo se escribe un susurro?

lunes, 9 de noviembre de 2015

Afantasia

Sabía que yo tenía afantasía, pero no sabia el nombre. Mi cabeza está llena de historias, de sensaciones, de memoria... Pero no de imágenes. Eso no quiere decir que no sepan lo que son las cosas, ni las recuerde, pero no puedo hacerme con la imagen mental de ellas.
 
Una de las veces en la que fui consciente fue viendo alguna serie de médicos o algo así, donde operaban a alguien de la cabeza y le decían que pensara en una silla. Yo me puse a imaginarla también, pero sólo pensaba en que tenía 4 patas y un respaldo; que podía ser como una silla infantil del ikea, pero era incapaz de visualizar esa silla. Todo negro. 

¿Qué problemas podría tener con la afantasía? A priori ninguno. Gozo de muy buena memoria. Me acuerdo de conversaciones con amigos como si hubiera sido hace poco. Pero me acuerdo sobretodo por las sensaciones que me produjeron en ese momento. Siempre digo que es imposible olvidar a alguien si te ha producido algún sentimiento (bueno o malo). 

Pero sí. Hay cosas malas. Cuando quiero acordarme de las personas que he querido, no recuerdo su cara. No recuerdo a mis amores platónicos, ni a mis amigos, ni a mi familia. Sólo aparecen hechos, risas, discusiones, sensaciones de amor, enfado, anécdotas. Por ejemplo, me acuerdo de un abrazo de oso que me hizo un amigo y que continúo notando cuando pienso en ese abrazo. Me acuerdo de su cuerpo, más grande que el mío, y el color de su ropa, la sensación que me producía su mirada. Pero su cara es imposible dibujarla en mi mente. Debo ver una foto (que por supuesto reconozco, no dije que me fallara la memoria). 

No debería ser malo, al menos en principio, pero lo es. Porque también me pasa con mi hijo. A veces me he despistado y lo he perdido en el parque por unos minutos que se me han hecho eternos.